Dios, la ciencia y nuestro camino

Autor: Peter Coskun “Nature Photography”

Cuando uno estudia en una institución académica de nivel superior, es muy difícil encontrar a una persona que externalice que es creyente, es decir que cree en un Poder Superior, o como un no ateo diría, que cree en Dios.

En realidad yo solamente conocí a una sola persona que sin recato me lo dijo… Me refiero a una persona no ortodoxa. Si bien no es raro que muchos alumnos por su vestimenta, comportamiento o porque les gusta llamar la atención expresen (casi promocionando) su afiliación religiosa, es evidente que lo hacen por tradición más que por convicción.

El porqué de esta nota es que hay varios errores que cometemos a menudo cuando hablamos de dos temas profusamente trascendentales en la historia humana: ciencia y religión.

Si bien, la ciencia como tal, nació mil años después de Cristo, ya sea que se diga que nació en el siglo xiii una vez que se comenzó a esbozar lo que hoy se conoce como el método científico, gracias por ejemplo a Roger Bacon.  O que se considere que inclusive fue antes: cuando comenzó la gran expansión de las mentes que hoy son pilares y referentes dentro de la ciencia, en el siglo xii, gracias a las ideas de los árabes musulmanes. En ese caso pareciera que la religión lleva mucho más tiempo formando parte de nosotros como seres humanos.

Pero la verdad es que los grandes filósofos griegos de los que tenemos noticias ya razonaban de una forma significativamente elocuente a lo que hoy la ciencia requiere; y sabemos que ellos se remontan hasta el siglo v a.C.

Aunque las fechas de Saúl, el rey David o Moises y otros personajes bíblicos llegan hasta quince siglos antes de Cristo. Y hay algunas especulaciones sobre personajes como Abraham, Hermes Trimegisto o como Melquisedec que se remontan a un pasado aún más distante. No obstante, no podemos afirmar nada al respecto.

Pero, pese a todo,  hay algo común en esos ambiguos personajes: todos eran sabios y evidentemente había y hay una fuerte carga religiosa en ellos.

Hablaremos más tarde de que sabio no es lo mismo que inteligente o tener inteligencia, ni tampoco sólo ser profusamente espiritual, aunque creo que intuitivamente cualquiera reconoce la diferencia.

Lo que es notable es que parece que en el humano siempre ha habido dos características: la inteligencia y la religiosidad.

 

Autora: Anja

Sin embargo, y regresando a la vida universitaria, sonaría muy raro que alguien exprese abierta y sinceramente ser creyente. De lo que hablo no se trata de proselitismo, se trata de honestidad. Que alguien confiese ser creyente en un ambiente tan secularizado es muy extraño.

Si bien, la secularización en cualquier academia de investigación es fundamental, eso no quiere decir que personalmente uno no pueda o deba creer en un poder divino.

¿Entonces por qué resulta tan anómalo que alguien, como aquella persona que conocí, diga que es creyente si estudia una ciencia y es inteligente?

El problema no es ella, el problema es la malinterpretación que le hemos dado a estas dos materias: Ciencia y Religión.

Es casi como si diéramos por sentado que:

  • La ciencia y la religión tratan de lo mismo: conocer la “verdad” del mundo.
  • La ciencia es para los seres pensantes e inteligentes y la religión para los tontos crédulos que se creen cualquier tontería.
  • La religión es para personas buenas, honestas y respetables que tienen buena moral y la ciencia para personas libertinas, viciosas, nefandas y/o malignas.
  • El ateísmo es necesariamente característico de los científicos o gente relacionada a la ciencia.
  • La religión es parte inalienable de la Iglesia o cualquier otra institución religiosa.

Si alguno de ustedes considera que todas estas aseveraciones son ciertas, temo decirle que está muy equivocado. Si cree que sólo algunas son ciertas, está igual de equivocado. Si sólo considera que una es cierta, sigue equivocándose de la misma manera.

¡Ninguna es cierta!

La religión y la ciencia no persiguen lo mismo. Quienes han hecho creer esto han sido las instituciones.

Es evidente que la ciencia ha acertado en las verdades físico-químicas del mundo.

En los enlaces que usted podrá encontrar al final de esta entrada, verá que hay estudios serios en el campo de la sociología que hacen constatar que si bien la gente está desafiliándose en forma creciente de las iglesias, eso no significa que lo haga porque no crea en Dios o no sienta necesidad por llevar a cabo prácticas espirituales (aunque hay diferencia semántica y etimológica importante, a lo largo de esta nota me referiré a ‘espiritual’, ‘creyente’ y ‘religioso’ como sinónimos exactos).

Los estudios son exclusivos de gente estadounidense, pero tanto en México como en muchos otros países occidentales es muy probable que pase lo mismo.

No seguir a una iglesia no significa no tener religión.

Lo que sucede es que las iglesias del mundo han intentado monopolizar (o privatizar) la religión.

Autora: Annie Spratt

Religión no es igual a Iglesia. Así como ciencia no es igual a ateísmo, ni ateísmo igual a inteligencia.

Otros estudios (también abajo en los enlaces) han demostrado que la gente “religiosa”, o sea que pertenece o está afiliado por tradición o convicción en un grupo o institución religiosa, no es menos inteligente que los no “creyentes” (los que no siguen a ningún grupo religioso).

¡Es más, ni siquiera muestran menor conocimiento científico que ellos!

Por otro lado, los científicos no necesariamente carecen de interés religioso aunque se promulguen como ateos o agnósticos.

Y si soy sincero yo creo que ninguna persona carece de ello. La diferencia radica en lo que dicen, lo que perciben, cómo lo perciben y cómo lo expresan.

Ustedes quizás se pregunten: ¿acaso insinúas que al final todo mundo creen en un Poder Superior? ¿Que todos creen en Dios?

Lo que insinúo y diré explícitamente es que todos tenemos dos particularidades fundamentales por el simple hecho de ser humanos:

Con la figura de arriba intento explicarme con mayor claridad.

El monito de hasta arriba al centro en verde representa a cualquiera de nosotros como individos: mujeres, niños, ancianos, hombres, jóvenes; de todas profesiones u oficios; no importa qué logros o fracasos hayan tenido, no importa que vicios o que virtudes posean; no importa cuántas veces se hayan equivocado en su vida; tampoco importa en qué época hayan vivido o en qué región o dimensión se encuentren.

Abajo aparecen dos íconos que parecen asemejar uno a un cerebro (el que se encuentra a nuestra izquierda) y el otro a un corazón (el de nuestra derecha). El cerebro está dividido en colores de acuerdo a los lóbulos en que han sido divididos científicamente; representa a la inteligencia.

Por el otro lado, el corazón parece tener grietas porque a todos nos han roto el corazón en nuestras vidas y siempre está así. Aunque en realidad las emociones pertenecen también al encéfalo, es más gráfico representarlo con el corazón porque cuando amamos o sufrimos mucho por la intensidad de las emociones se siente algo como si proviniera de allí.

Ambos (cerebro=inteligencia y corazón=emociones) están en la región de las capacidades humanas.

Ambos proveen de dos virtudes respectivamente: la inteligencia provee de la razón y las emociones nos proveen de valores.

Ambos son fundamentales para la felicidad de cualquier persona y de quienes rodean a esa persona.

Pero también a nivel social son importantes; tanto que han creado dos de los conceptos más relevantes para la historia humana: uno dio paso a la ciencia y el otro formó la religión.

¡Así es! Las virtudes de la inteligencia gestaron el nacimiento de la ciencia. El conocimiento físico químico de las cosas; el estudio de la materia.

Mientras que las virtudes de las emociones dieron paso a la concepción de la religión. A las historias de hombres bondadosos y ejemplares que le dan sentido a la vida y nos acercan a esa idea de justicia real; que nos dan esperanza y voluntad para seguir esforzándonos por buscar un bienestar para nosotros y los demás (sobre todo a quienes amamos).

Ya el sociólogo Durkheim (considerándose ateo) había identificado la necesidad de la religión para la sociedad, él menciona muy atinadamente la importancia social que trae consigo la religión. Es decir, la religión no solamente es parte de los estudios sociales que pasivamente permanece como un fenómeno más, sino que la religión directamente modela el protagonismo, los valores, la fuerza y la calidad de una sociedad.

Si bajamos en la figura, veremos una última área. El área de las instituciones, representadas por dos edificios icónicos: a la ciencia la representa una especie de observatorio y a la religión un templo.

Las instituciones son todos, absolutamente todos, los grupos, academias, institutos; así como sus miembros, recursos e infraestructura.

Ejemplos de instituciones en ciencia son NASA, CERN, Harvard, UNAM… así como cada instituto dependiente o asociación interna.

Ejemplos de instituciones en religión son el catolicismo, protestantismo, judaísmo, budismo, islamismo… así como cada variante. Es en este nivel donde más problemas aparecen.

Yo sé que es difícil esto y tal vez muchos estén muy en contra cuando digo que la religión y la ciencia no persiguen las mismas cosas; en otras palabras, que no persiguen la verdad del mundo.

Pareciera que sí por lo que hemos aprendido de ellas. Pero recuerden que lo que hemos aprendido está mediado por instituciones.

No obstante, aunque en ambas instituciones ha habido fallos, así como aciertos. En general las instituciones científicas han hecho un mejor trabajo que las religiosas.

La prueba lo demuestra el auge que actualmente tienen las entidades científicas, y el creciente rechazo que experimentan cada vez más las instituciones religiosas.

Esto es porque a muchas iglesias les ha costado mucho trabajo adaptarse a los cambios generacionales. Pero es un grave error creer que la ciencia sustituye o sustituirá a la religión.

¿Por qué?

Si la ciencia ha demostrado tener razón en el tamaño, disposición, medidas, composición de la Tierra y su sistema solar; en la evolución de las especies, en el diagnóstico y tratamiento de padecimientos, educación, etc., es porque se ha esforzado en buscar y entender lo que sucede.

¡Porque repito! Esa es efectivamente la verdad del mundo en cuestiones físico químicas, de la materia y sus propiedades.

Pero no es tema de la religión. La religión cristiana (por ejemplo) se equivoca al afirmar que la ciencia está equivocada en la evolución del hombre. Así como diferentes cosmovisiones espirituales se equivocan en contradecir las evidencias científicas de las que se dispone.

Se equivocan porque es como si un ave le dijera a un pez que no sabe nadar. O e pez le dijera al ave que no sabe volar.

Explicar las verdades del mundo físico no es materia de la religión, así como explicar las verdades emocionales subjetivas no es materia de la ciencia.

Es más complejo esto de lo que podría pensarse a primera vista. Porque así como no se hace ciencia simplemente con tener pensamientos astutos o ser inteligente, tampoco con la religión basta ser emocional o tener sentimientos muy intensos.

Se trata de construir algo que va más allá en ambos casos.

En este artículo, que para mí es estupendo, el doctor Michael S. exhorta a la gente a explorar algo más; algo que no tiene nada que ver con la Iglesia occidental (y tampoco con ninguna otra iglesia o grupo en particular). Él menciona que su formación fue atea y solía ser uno de los “peores ateos”. Es decir ese tipo de ateo que consideraba estupideces mayores hablar de cualquier tema que estuviera relacionado con algo espiritual; empero, ahora piensa que ser ateo es quedarse a mitad del camino.

Para él una cosa es desprenderse de una iglesia que promueve la imagen de un dios violento, abusivo y con un patriarcado autoritario en el “cielo”, y otra muy diferente que no exista Algo Más.

Asimismo, muchas de las personas que prefieren desafiliarse de la iglesia no es porque dejen de creer en Dios o en el valor de las plegarias, en otra vida después de la muerte o inclusive en que dentro de las muchas Iglesias del mundo haya algo Real dentro sus diversos mensajes sobre Dios y lo Divino.

Y es que pese a la diversidad de religiones y mitologías (las mitologías en su momento fueron auténticas religiones y cosmovisiones) del mundo que existen o existieron algún día, parece haber algunos puntos que se entrelazan. Sobre todo cuando habla de ciertas cosas referentes a la compasión, la amistad, el honor, la honestidad, la voluntad, el valor o el amor.

Autor: Filipe Almeida

Un Poder Divino que nos impulsa incluso cuando no parece haber RAZÓN para seguir.

Menciono que las iglesias se han equivocado porque esa fuerza y esos calores se han perdido no por culpa de la ciencia (como muchos han equivocadamente sugerido) ni tampoco se debe a la secularización, se debe a la falta de credibilidad. La honestidad eclesiástica hace mucho que dejo de actuar.

Pondré un breve ejemplo que es, sin embargo, muy poderoso. Muchas personas de mi generación e incluso de las actuales generaciones han conocido conceptos relacionados con las virtudes religiosas (la compasión, la amistad, el honor, la honestidad, la voluntad, el valor o el amor) gracias a series animadas o novelas muy conocidas y valoradas por ingente cantidad de personas: Dragon ball, Saint Seiya (conocido en México por Caballeros del Zodiaco), la serie animada de Batman, El señor de los anillos y otras obras de Tolkien, La Divina Comedia de Dante Alighieri… Entre muchas otras series, animaciones tanto japonesas como americanas y autores de literatura mundial.

Todo ese contenido tiene una carga religiosa muy grande, y no porque esté ligado a la iglesia, sino por su valor intrínseco. Hay que mencionar también que muchos de sus creadores tenían fuertes creencias religiosas. (no dogmáticas sino de algo que iba más allá)1 y eso contribuyó enormemente a que el contenido de estas obras tuviera tan prominente calidad.

Pasando de las virtudes a los vicios: así como el vicio del científico es creer que el religioso es estúpido, el vicio del religioso es creer que el científico no tiene respeto por nada ni nadie.

Y esos vicios ya han generado muchos inconvenientes en nuestro caótico mundo. Es verdad que gracias a la ciencia se ha creado tecnología bélica, armamento químico o biológico, dispositivos enajenantes y se ha manipulado al mundo y violado y sobajado la privacidad, los derechos y la dignidad humana.

Es igualmente verdad que la religión ha instaurado inequidad, enajenación, prejuicios, ansiedad psicológica, rechazo, abuso de poder, maltrato, han evadido responsabilidades sociales y han ocasionado motivos de conflictos a través de la historia.

En lugar de ponernos a discutir cuál ha hecho más daño al ser humano, si es que realmente una supera en crueldad a la otra, yo pienso que lo más conveniente es enfocarnos en aceptar las grandes oportunidades de aprendizaje que nos pueden brindar ambas.

Aceptar que no podemos únicamente inclinarnos por alguna. Que necesariamente necesitamos de la otra.

Un líder en ciencia debe tener altos valores morales, no dictados por una Iglesia, sino dictados por aquellos valores supremos de haber encontrado esa conexión auténticamente religiosa.

Un líder en religión, debe ser suficientemente inteligente para dejar que la razón y no las supersticiones guíen el juicio de sus seguidores o de quienes le piden apoyo o consejo.

Si ambos aspiraran a aceptar eso, cada uno de esos líderes estaría más cerca de la sabiduría. ¡Porque ahí está la gran diferencia!

Ser sabio implica mucho más trabajo que sólo ser inteligente, listo o astuto; requiere también de una consciencia muy desarrollada.

¿Ahora, cuál es el problema con dios?

Como pueden ver en este video, desde un punto de vista filosófico la idea de un Dios Todopoderoso como muchos lo han concebido es problemática.

En el video en cuestión se cuentan las cinco grandes características para intentar describir su perfección:

Dios es omnisciente: todo lo sabe

Dios es omnipotente: todo lo puede

Dios es omnibenevolente: todo bondad

Dios es omnipresente: está en todas partes y en todas las cosas

Dios es omnitemporal: está todo el tiempo.

Ahí mismo se explica porque resultan contradictorias darles semejantes características a Dios.

Casi como si alguien no pudiera ser todo a la vez.

Sin embargo, en primera dudo mucho que alguna persona con convicción religiosa (no me refiero a alguien que sigue un dogma, me refiero a alguien que realmente es un creyente por voluntad propia) pueda aceptar que Dios es “alguien” o “algo”.

Esas palabras delimitan mucho las cosas. Cosificar a Dios o inclusive intentar personificarlo es un error que igualmente o ha sido tergiversación cultural o ha sido culpa de las Iglesias, no importa.

Por ejemplo, hablemos de una palabra que culturalmente suele tener una referencia mucho menos individualizadora: el universo. Y ahora cambiemos de lugar la palabra en lugar de Dios:

El universo es omnisciente: todo lo sabe

El universo es omnipotente: todo lo puede

El universo es omni-benevolente: todo bondad

El universo es omnipresente: está en todas partes y en todas las cosas

El universo es omni-temporal: está todo el tiempo.

Empecemos por la segunda aseveración. Por más contradicciones que pueda generar, creo que a todos nos consta que el universo todo lo puede, es omnipresente (dentro de sus límites universales) y está todo el tiempo (puesto que en él se creó el tiempo).

Con las aseveraciones uno y cuatro es quizás imposible decir que el universo todo lo sabe, puesto que saber o conocer requieren de un intelecto que hasta donde nosotros sabemos solamente puede lograrse a través de un complejo sistema nervioso;  es decir es un rasgo muy humano (limitado). Mientras que la omni-benevolencia también es algo requiere de juicios personales, culturales y sociales (también limitados a nuestra noción humana).

Es decir, me parece incorrecto tomar una tarea tan profusa como descartar la noción de Dios solamente basándonos en la contradicción de esas aseveraciones.

El universo que se expande más rápido que la velocidad de la luz cruzando el volumen de Hubble, y así es en cualquier punto sin importar dónde nos encontremos; esa es una noción completamente contraintuitiva, así como a nivel cuántico dos cosas pueden ocupar el mismo espacio o no estar limitadas por una causa y un efecto que para nosotros resulta tan natural; casi como verdades definitivas. Son cuestiones inconcebibles para nuestra limitación humana.

Asimismo las emociones nos muestran aspectos que nos sorprenden a nosotros mismos, haciendo que confundamos o dudemos de lo real. Si bien es complicado controlar las emociones, están ahí como también existe la razón. Y lo mejor es sacarles provecho. Y no cabe duda que la mejor forma de hacerlo es desarrollando un esqueleto religioso digno que nos haga trascender personal y socialmente.

La ciencia no es la respuesta a todo, no porque no haya una lógica o una razón en las emociones, sino porque irremediablemente somos seres emocionales y nuestra perspectiva subjetiva no sólo está fundida en nosotros por toda nuestra vida, sino que, además, hace que gracias a ello podamos disfrutar y vivir cosas que le dan entero sentido. Las obras de arte son una representación peculiar de ellas, y es fundamental que nos enamoremos del arte.

Se necesita algo más para entender el panorama entero de estos seres que somos. A la vez que es preciso respetar el trabajo y el esfuerzo del otro.

La ciencia debe aceptar que la religión es parte de cada ser humano, y no cualquier parte, sino una que me parece tan fundamental como pensar razonadamente.

Considerar que es estúpido orar, hacer plegarias, creer en sucesos improbables, en nociones metafísicas complejas, es, en sí mismo, estúpido.

Porque como menciona el Dr. Michael S., lo espiritual y/o religioso es un hecho psicológico, no se puede simplemente dudar de él o negarlo. Eso es peor que ser ignorante: es ponerte necio en querer ignorarlo.

*

Todo esto que he escrito, lo he querido expresar de la mejor manera. Sin ponerme de un lado o del otro. Tratar de ser lo mejor posible imparcial.

No soy científico, sin embargo, tampoco soy sólo un aficionado; mi formación sí ha sido científica y sé la gran labor, paciencia, creatividad y la increíble lucha que representa dedicar la vida en favor de la ciencia.

Trato siempre de respetar la labor de quienes sí se encargan de hacer ciencia real, porque los admiro y porque he sido testigo directo de las grandes ventajas de hacer este tipo de investigaciones y tomarlo con seriedad.

Mi intención es contagiar ese ‘espíritu’ científico a todas las personas que pueda para que vean las grandes ventajas de entender la ciencia y sus descubrimientos, así como a acicatearlas a que ellos también hagan ciencia. Por trato de que toda la información provenga de fuentes fieles y cuidadosamente reviso una y otra vez lo que leo para evitar lo mejor posible cometer un error y no atinar en explicar lo que significa tal o cual cosa de lenguaje técnico.

Por otro lado, no estoy afiliado a ninguna institución ni a ningún grupo de tipo religioso; pero nací en el seno de familias creyentes y también dogmáticas, pero he visto como ellas mismas luchan contra esos dogmas y cómo les afectan.

Si bien, me considero agnóstico, tengo que especificar que mi agnostiscismo no significa que no quiera tomar ningún partido o no quiera dar nada por sentado para evitar conflictos. Mi agnostiscismo es porque no encuentro una mejor palabra para mi situación religiosa.

Se trata de una honestidad conmigo mismo, no sé qué es Dios, no sé si realmente es perfecto o de alguna manera creo Todo esto, y mucho menos para qué.

Pero hay dos cosas que con suma intensidad golpean una puerta interna de mi ser.

La primera me invita fielmente a creer en Algo y tener fe.

No me refiero a una fe supersticiosa, prejuiciosa y que quiera utilizar como pretexto para mi ignorancia. Me refiero a algo mucho más profundo, pero completamente inefable (por ahora).

Y si aún piensan que es estúpido tener creencias y que la gente que las tiene es estúpida, me temo que ustedes mismos entrarán en un laberinto sin salida.

El hombre también necesita ser nutrido con arte. Y cada una de las grandes obras maestras han sido creadas por personas que han impregnado algo o mucho de su percepción religiosa.

Mismas que han inspirado a tantos científicos y viceversa.

El día que ciencia y religión dejen de mirarse la una a la otra con recelo, ese día quizás estaremos listos para dar el siguiente paso. Que se entienda la gran fuerza subjetiva que posee y el carácter objetivo imprescindible para expresarlo.

La segunda cosa que toca fuertemente esa puerta interna, pero cuya cerradura aún no encuentro para dejarla entrar, es que para la mejor palabra para tibiamente querer describir a Dios es la palabra Amor. En su sentido más extenso, pero también en el más profundo y el más sublime.

Después de todo, no creo que haya sido una mera casualidad haber conocido a aquella persona que acepto creer en algo que yo negué durante tanto tiempo.

Si por alguna razón pasan las cosas, creo que pasan para aprender de ellas y seguir queriendo ser mejores y hacer las cosas mejor. Sin renunciar a esa llama recóndita que promete un Reencuentro Divino.

Autor: Juskteez Vu

 

1. Boyd Kirkland fue el director de la serie animada de Batman, era miembro de una iglesia y escribió artículos acerca de la naturaleza de Dios. Masami Kurumada es el creador de Saint Seiya y aunque él acepta no ser parte de ninguna religión, en sus personajes hay una fuerte carga espiritual al hablar de mitología, deidades, y las virtudes religiosas ya mencionadas, además de auto-sacrificio, y cumplimiento del deber moral. J.R.R. Tolkien era un devoto católico. Dante Alighieri evidentemente estaba muy interesado en cuestiones morales y religiosas. Y como no se trata de mentir en absoluto, Akira Toriyama, creador de Dragon Ball, no parece mostrar ningún interés ni afición religiosa, y de igual manera muchos de sus personajes muestran virtudes muy dignas; esto refuerza el hecho de que no debes estar ni afiliado a ninguna iglesia, ni mostrar pasión por algo espiritual para crear cosas valiosas.

 

Enlaces:

https://scientificgems.wordpress.com/2013/11/09/why-did-science-begin/

https://www.sociology.org/the-trouble-with-atheists/

http://www.cardiff.ac.uk/socsi/undergraduate/introsoc/durkheim6.html

https://www.sociologicalscience.com/articles-vol2-7-106/

https://www.sociologicalscience.com/download/volume%201/october/SocSci_v1_423to447.pdf

https://www.youtube.com/watch?v=gs_gY1K1AMU

https://www.youtube.com/watch?v=pLj4iwa0__8